Apple y OpenAI han pasado en apenas dos años de colaborar en el iPhone a enfrentarse en los tribunales. La compañía de Cupertino ha presentado una demanda contra OpenAI, io Products y dos antiguos empleados de Apple por un presunto robo de secretos industriales vinculado al desarrollo de nuevos dispositivos de inteligencia artificial. Parece que los de Cupertino no quieren que OpenAI puedan crecer y creen que ha robado de sus diseños.
Apple lleva a OpenAI a los tribunales por sus planes de hardware con IA
La demanda señala a OpenAI, a su división de hardware io Products y a los exempleados de Apple Tang Tan y Chang Liu. Según Apple, ambos habrían contribuido a trasladar información confidencial relacionada con desarrollo de producto, fabricación y proveedores para acelerar los planes de hardware de OpenAI.
Tang Tan trabajó durante años en Apple en áreas vinculadas al iPhone y Apple Watch, y ahora ocupa un papel clave en el hardware de OpenAI tras la adquisición de io Products, la empresa asociada a Jony Ive. Chang Liu, por su parte, habría trabajado como ingeniero eléctrico en Apple antes de incorporarse a OpenAI.
La acusación más delicada es que no se trataría de un incidente aislado. Apple sostiene que OpenAI habría seguido una estrategia coordinada para obtener información protegida, incluyendo supuestas prácticas de contratación en las que se habría animado a candidatos procedentes de Apple a llevar componentes o detalles técnicos a entrevistas.
El futuro dispositivo de OpenAI, bajo presión
El caso llega en un momento clave. OpenAI lleva tiempo preparando su entrada en el hardware de consumo junto a antiguos diseñadores de Apple y el entorno de Jony Ive. La promesa es crear una nueva categoría de dispositivos centrados en IA, menos dependientes de las aplicaciones tradicionales y con una relación más directa con el usuario.
Precisamente por eso la demanda importa. Si Apple consigue demostrar que OpenAI se ha apoyado en información interna sobre diseño, fabricación o cadena de suministro, el impacto podría ir más allá de una compensación económica. Apple pide daños y una orden judicial para impedir que OpenAI use o se beneficie de esos secretos comerciales, además de la devolución o destrucción de materiales confidenciales.
OpenAI, por su parte, niega cualquier interés en secretos de otras compañías y asegura que sigue centrada en desarrollar tecnología innovadora. Aun así, el litigio abre una grieta importante en una relación que parecía estratégica desde que Apple integró ChatGPT en sus dispositivos.
Debemos tener claro que, nos guste o no, la próxima guerra de la IA no se librará solo en los modelos. Se librará también en el dispositivo que los llevará al bolsillo, la muñeca o el escritorio. Apple protege su terreno; OpenAI quiere construir el suyo. Ahora será el tribunal quien determine si esa ambición cruzó alguna línea.



